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martes, 30 de marzo de 2010

MIGUEL A. GONZÁLEZ VIERCI - ANTECEDENTES HISTORICOS DE LA REVOLUCION /Fuente: EL ESTALLIDO DE UN IDEAL, CONCEPCIÓN - REVOLUCIÓN DEL 7/8 - MARZO - 1947


ANTECEDENTES HISTORICOS DE LA REVOLUCION
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
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Para una real comprensión de los acontecimientos ya muy cercanos al 8 de marzo de 1947 y su antesala con los sucesos políticos del año 1946, debemos remontarnos a realizar un análisis, que aunque somero no por eso menos aleccionador, a partir de las luchas internacionales -guerra de la Triple Alianza 1865/70 y la guerra del Chaco 1932/35- y el interludio entre ambas.
Se debe convenir que las guerras internacionales no sólo dejan su secuela de sangre y lágrimas, sino que también y principalmente, sea cual fuere su resultado, inficionan en la posguerra y muy especialmente en el estamento castrense el andamiaje socio-económico y político de las naciones involucradas.
Un breve recuento de la situación paraguaya, previa a la guerra del 70, permite apreciar que la vida de la República se desenvolvía dentro de los parámetros institucionales normales del Gobierno civil del Presidente Don Carlos Antonio López, quien crea las condiciones necesarias para un desarrollo sostenido, en varios campos de la actividad, tanto privada como estatal. La bonanza, la estabilidad y el desarrollo, es historia por todos conocida y me releva de profundizar comentarios sobre ella.
Es tal vez, ese marcado protagonismo en el concierto de naciones sudamericanas y su incursión con medios propios en el comercio internacional, uno de entre otros facto res, lo que mueve a nuestros vecinos, Brasil, Argentina y Uruguay, a preparar el clima para frenar ese crecimiento y desarrollo sostenido, pretextando una supuesta cruzada libertadora, ya contra el gobierno de su hijo Francisco Solano López. Coaliados en una poderosa fuerza combatiente, arrasan nuestra nación luego de 5 años de durísima lucha, que probó el estoicismo y valentía del pueblo paraguayo en todos sus niveles.
La historia de aquel luctuoso acontecimiento ya ha sido profunda y debidamente analizada, no sólo por escritores nacionales sino también y tal vez con mayor objetividad y desapasionamiento por autores extranjeros, quienes al final de mucho revisionismo histórico y ya en tiempo muy cercano, han desnudado los entretelones y maquinaciones de aquella injusta e inmerecida invasión, descargando de culpa al Paraguay y trasladando la misma a las naciones aliadas.
Hasta acá estos breves comentarios, que sirven de base para comprender lo acontecido con posterioridad a la terminación de la lucha armada en la guerra del Chaco y poder apreciar una reflexión hecha por el Cap. Araujo, que la transcribo y que palabras más, palabras menos, expresa lo siguiente: "Luego de una lucha armada internacional, en la que el ejército ya sea victorioso o derrotado, enfrenta su reinserción en la vida institucional de la nación, produce un traumático clima de intranquilidad y zozobra en sus filas, que se traslada a los aconteceres políticos, con consecuencias las más de las veces negativas y desestabilizadoras para la institucionalidad de la República".
Hube de analizar este aserto, no sólo en relación a nuestra vida como nación independiente, sino comparándola con lo sucedido en el plano internacional y en similares situaciones en otras latitudes, la justifico.
La historia a través de muchísimos años se encarga de avalar lo expuesto. Como no es mi intención entrar en una larga ejemplificación de dichos hechos, me limitaré a lo que esa circunstancia ha significado para nuestra patria en las dos conflagraciones mencionadas y en las que se producen las dos vertientes de una misma situación y diferentes resultados: ejército derrotado, Triple Alianza, y ejército victorioso: guerra con Bolivia; veremos más adelante y de manera más detallada, cómo se dan ambas situaciones.
Analicemos lo relativo a la guerra del 70. Terminada la confrontación bélica, y luego de un período de largos años de ocupación brasilera, en representación de la triplicia y de las desmembraciones territoriales -botín del vencedor- vuelve el país a su independencia territorial y política.
No abundaré en detalles de lo sucedido en ese largo período 1870/1930, fecha esta última en la que los nubarrones de una nueva confrontación bélica -no deseada- pero igualmente obligados a asumirla ensombrecerían nuevamente los cielos de nuestra nación.
A efecto de ilustrar el campo político, hay que observar el listado de presidentes que se sucedieron tras el final de la guerra de 1865/70. Primer y principal factor es la inestabilidad política, signada por tan cortos períodos de mando, lo que imposibilita que cualquier programa tendiente a desarrollar funciones de gobierno a mediano y largo plazo tenga éxito.
En segundo lugar, es visible el protagonismo de hombres del Ejército, no sólo en la gestación de los cambios, sino en función de gobierno. Basta esta aleccionadora mención, que la pluma del escritor Gatti Cardozo nos ilustra claramente sobre un tema siempre urticante. La Presidencia de la República y la consecuente conducción política de la Nación. En función a la presencia abierta o solapada de las FF.AA. en los avatares políticos nacionales.
Como contrapartida a la derrota del 70, en esta nueva guerra internacional, al cabo de 3 años de cruenta lucha (32-35), reivindicatoria de nuestros derechos territoriales, recibimos a la vida ciudadana y ya en tiempo de paz, a las fuerzas victoriosas, comandadas por el entonces general José Félix Estigarribia.
En el clima propio de euforia justificada, se las recibe y se goza de las mieles del triunfo durante un tiempo prudencial. La conducción política del país tiene el clima necesario en ese ambiente festivo, para recomponer la economía que fuera la más afectada, ya que en lo social, los espíritus se habían galvanizado y hermanado al llamado de las armas, y ese, hasta un no muy largo tiempo, sería la constante de nuestra vida ciudadana.
Ahora toca analizar y dar respuesta a la pregunta. ¿Qué pasa en el país, cuando regresa un ejército, ya sea derrotado o victorioso?
La primera situación de la pregunta ya ha sido desarrollada, mas nos queda la segunda, más cercana en el tiempo y más influyente en el devenir histórico, y que en el año 1936 tiene su punto de partida.
Me decía el Cap. Araujo con suficiente conocimiento de causa, pues si bien era un joven oficial de la posguerra, egresado en el año 1938, acumulaba en su bagaje histórico todos los aconteceres en filas del ejército, conocedor y estudioso de todos los tejemanejes políticos que acompañaron esos años de desencuentros e inestabilidades.
Vuelvo a repetir, me decía el Cap. Araujo, "el soldado (se refería a los de alto rango, haciendo omisión de clases y soldados), luego de duros años de lucha diaria, de mando y resoluciones cotidianas de innegable trascendencia, y en la que la vida cada minuto ve la cara de la muerte, crea en su espíritu y su personalidad, con esas actitudes, un modelo de vida muy peculiar, que marcará su personalidad de posguerra".
Se vuelve a los cuarteles, los de reserva son dados de baja, los de carrera continúan su vida castrense, ¿pero qué pasa?; las condiciones diarias son distintas, los requerimientos económicos diferentes, el amplio campo de lucha en la guerra desaparece y el mando se empequeñece, por último la rutina diaria hace mella de su espíritu y piensa que si tuviera el poder de decidir y resolver "sobre la marcha" los problemas nacionales, en contraposición a la dirigencia gobernante cansina (para su concepto), otro sería el destino del país. Ex profeso, dejé para último punto el papel del liderazgo que ejerció durante la guerra, que se ve reducido a su mínima expresión en los predios de los cuarteles.
Mezclemos estos variados factores y obtendremos un "cóctel" por demás explosivo. Si bien es cierto, esto no se da en todos los jefes, sin embargo existen varios que "sufren" y observan con dificultad esa transición.
¿Son sólo ellos los culpables? Según estudiosos de estas cuestiones, con los que comparto opinión, son también culpables los gobiernos, que por diversos factores no visualizaron esa realidad que debía presentarse inexorablemente y no adoptaron las medidas conducentes para encauzarla por caminos menos traumáticos y más favorables para las ansias y deseos castrenses, en su reincorporación a la vida de la nación en período de paz.
La reinserción de los agricultores (soldados y clases) a sus hogares y lugares de labores fue más racionalmente planificada y de hecho más fácilmente aplicada, para bien de ese vasto espectro social. Lamentablemente, los acontecimientos posteriores de orden político militar arrastraron a esa humilde clase trabajadora a ser partícipe de los avatares de luchas generadas, las más de las veces, por ansias de poder y mando, mas no para la resolución de los problemas campesinos.
Me permito hacer una referencia histórica comparativa y que guarda relación con lo que aquí se desarrolla como tema central, y que ocurre en los EE.UU. de Norteamérica. Luego de finalizada la 2da. Guerra Mundial, en la que los actores principalísimos del triunfo de las Fuerzas Aliadas, inmersas a su retorno, y alguno antes del mismo, a la vida ciudadana, enfrentan situaciones de innegable condición traumática, pues habiendo sido gestores directos de actos de heroísmo y excelencia en la conducción de la guerra, personalmente creen que esta coyuntura les otorga el derecho de enfrentarse al "orden establecido", aun en un país donde las instituciones republicanas tienen continuidad y tradición civilista. El caso más conocido involucra a uno de los más grandes generales de la guerra, el Gral. Patton, quien en la cúspide de su carrera, con el sentimiento posiblemente más puro de amor a su patria (lo había demostrado ampliamente en los campos de batalla), se permite cuestionar la política exterior de su país, que a la luz de los hechos posteriores daría razón a su postura, creando con ello situaciones trascendentales y difíciles en el delicado equilibrio de posguerra entre los triunfadores. Lamentablemente sufre las consecuencias difíciles de lo que me permitiría llamar "síndrome de la victoria", que determina, al final de su carrera, que sea relegado y desposeído de su mando y es más, hasta creo que injustamente olvidado y tal vez muerto en no muy claras circunstancias.
¡Oh! La política y los que en su nombre deciden el destino del mundo, son también seres humanos expuestos a errores e intereses mezquinos.
Otro a quien se debe recordar es el Gral. Mac Arthur, héroe de 100 batallas, que reconstruyó Japón y en la hora cumbre de su vida, por desencuentros de carácter de "política exterior", fue marginado y también pasó al ostracismo. El Gral. Eisenhower, Comando Supremo de las Fuer-zas Aliadas en Europa, a su retorno a la vida civil cae en las redes de los políticos y explotando su gran popularidad accede a la primera magistratura de los EE.UU. con una ges-tión gubernativa intrascendente, como los mismos norteamericanos la consideran, dando pie al dicho que "en los EE.UU. cualquiera puede ser Presidente".
Me permito destacar estos hombres y nombres para de alguna manera y guardando las distancias, trazar anticipadamente un paralelismo con lo ocurrido en nuestro país, en la posguerra del Chaco.
Por contrapartida, y como para confirmar lo expresado en el inicio de este capítulo, veamos lo que sucede en una nación cuyos ejércitos son derrotados en una contienda bélica internacional. Tomemos para ello el caso de Alemania de posguerra del año 1914/18, cuyo ejército se ve obligado a una rendición incondicional, un golpe inconmensurable, no sólo a su orgulloso ejército, sino también a toda la Nación. Firmada la paz, intentan los gobiernos posteriores reencauzar el país, pero el impacto sufrido por la derrota dificulta grandemente esa misión. Conforme a las cláusulas impuestas por los Aliados, el ejército alemán queda poco menos que desmantelado y sin posibilidades ciertas de una pronta reorganización. La derrota trae sus esperadas consecuencias negativas, y fruto de esas circunstancias emerge el "saldo rojo" en la cuenta de la Nación y sus instituciones.
¿Qué genera esta situación?; el descontrol, la falta de políticas coherentes para buscar la reinserción de esa enorme masa de combatientes en el nuevo status, de la que se aprovecha un fanático ex componente de las mismas de nivel inferior (sargento), que explotando hábilmente el descontento lógico reinante, con el carisma necesario y falta de escrúpulos para crear una nueva doctrina, el Nacional Socialismo, como salvador del caos.
La historia es muy reciente, y el nombre de Adolfo Hitler pasa a la historia como causante y responsable de la Segunda Guerra Mundial. Sus hechos y los resultados, por trágicos, son por demás aleccionadores de las consecuencias que puede acarrear el reacomodo de un ejército derrotado y desorganizado, de la mano de un "iluminado".
No pudiendo escapar la historia de nuestro país de esos avatares propios de la posguerra, entra a funcionar, sin saberlo, el fatídico principio de cómo reinsertar a los guerreros.
¿Fue culpable el gobierno de la posguerra o el "síndrome de la Victoria", o ambos a la vez, como detonantes de la Revolución del 17 de febrero de 1936? En esta disyuntiva, me abstengo de profundizar su análisis y dar un veredicto, pues ello sería tema no sólo demasiado extenso de abordar, sino que saldría de la línea medular de la historia que en este libro se relata.
Sin embargo, me permito afirmar, tal vez con poco margen de error, que obviando la patriótica intención de ella y de algunas medidas acertadas de gobierno, tomadas en el poco tiempo que dura su gestión, quedaron relegadas ante el hecho cierto e innegable de que a partir de entonces el Ejército, salido de los cuarteles nuevamente, socava su institucionalidad, situación que a través de todos estos largos años ha sido la constante en el acontecer político de la nación, más para mal que para bien.
Al margen de los motivos y consecuencias de la Revolución del 17 de febrero de 1936, liderada por el Cnel. Rafael Franco, se debe convenir que fue un hombre distinguido en los campos de batalla en la contienda chaqueña, y ejemplo del valor en la conducción de sus dos
unidades (32/35), y ya en su vida civil vivió dignamente; aquellos antecedentes y su acrisolada honestidad lo llevaron a una vida de necesidades rayana en la indigencia, que sin duda habrá sido la más valiosa herencia que dejó a sus descendientes.
Se produce una contrarrevolución encabezada por el Cnel. Ramón L. Paredes y referentes del Partido Liberal, en fecha 13 de agosto de 1937, y es derrocado el gobierno del Cnel. Rafael Franco, que ya para entonces había creado "La Concertación Revolucionaria Febrerista", que el año 1951 se constituye en el "Partido Revolucionario Febrerista", integrando hasta hoy el espectro político nacional.
Tratando de abreviar la historia, digamos que a partir de ahí se suceden situaciones de marchas y contramarchas en el ajetreo político nacional, la que finalmente parece encontrar su reencauce por una gran mayoría aceptado y accede a la primera magistratura de la Nación el general victorioso de la guerra del Chaco, don José Félix Estigarribia. Su muerte prematura, que no le permite alcanzar las metas que se había propuesto, y el Partido Liberal que lo había lanzado a la arena política, comienza a perder protagonismo después de muchos años de liderazgo y mando en el país.
El ejército durante la presidencia de Estigarribia, por el lógico respeto que éste imponía en sus filas a pesar de estar ya retirado de ellas, se repliega a sus cuarteles en cumplimiento de sus funciones institucionales. El gobierno, que contaba con el beneplácito de los EE.UU. de Norteamérica, recibe las primeras ayudas económicas que comienzan a otorgarse a los países de menor desarrollo, le permiten crear un período de tranquilidad propicio para el despegue eco-nómico. Esa situación desaparece con su muerte, y el ejército prescindente hasta entonces y ante los signos de deterioro político que se vislumbraba, emerge nuevamente como el árbitro de ese difícil momento.
Un factor que juega a favor de esa actitud castrense es el hecho de que habiendo ya pasado algunos años de la finalización de la guerra, tal vez desaparecido en ellos "el síndrome de la Victoria", y ya más reacomodados a las nuevas circunstancias, proceden a actuar con más equilibrio emocional y racionalidad en la pretensión de reencauzar la conducción del país. Ejemplo de dicha actitud constituyó el manifiesto del ejército, firmado por el Gral. Amancio Pampliega, que expone claramente su postura institucionalista y principista.
Avalaba esta situación el hecho de que connotados jefes, la mayoría héroes de la guerra del Chaco, gozaban de un sólido prestigio y respeto, tanto en el estamento castrense como en la sociedad civil.
Como era evidente que las condiciones no estaban dadas para llamar inmediatamente a elecciones generales, se acordó conformar un Gobierno netamente militar, que tendría la misión de echar las bases para ello, llamando a una Asamblea Nacional Constituyente, reorganizar los padrones electorales y tomar otras medidas que garantizaran la libre concurrencia de todos los partidos reconocidos y en igualdad de condiciones, creando el ambiente necesario para acceder al acto eleccionario a fin de institucionalizar la República.
Para el cumplimiento de estos fines se constituye dicho Gobierno, y según versiones, a dos generales, que por antigüedad y por el respeto que merecían dentro de las filas de las FEAA. y la sociedad civil, les es ofrecida la presidencia, la que declinan argumentando no sentirse preparados para ese menester. QUE DIFERENCIA CON LA ANGURRIA DE PODER QUE CAMPEA EN LOS ÚLTIMOS AÑOS en todo el ambiente político-militar de nuestro país, y qué poco conocido y divulgado es este hecho. Caro habría de pagar la nación aquel gesto noble y sincero, que también a la larga truncó sus brillantes y sacrificadas carreras militares, de las que fueron marginados y debieron pasar al ostracismo.
En estas circunstancias y ante la prolongada indefinición, dicen que uno de los presentes propuso el nombre del Gral. Higinio Morínigo, y aunque no hubo consenso se pensó que el mismo sería fácilmente manejable, en razón de su escaso predicamento dentro de las Fuerzas Armadas. ¡Cuán equivocados estaban!
El 9 de junio, como consecuencia de relevos y nombramientos arbitrarios, dispuestos por el Comandante en Jefe, suceden sangrientos hechos en la Ira. Div. de Caballería de Campo Grande, en los que pierden la vida los Ttes. Dalceno, Pastore y varios conscriptos; por imposición de los mandos militares, el gobierno de Morínigo "levanta la veda política", permitiendo a la ciudadanía el goce irrestricto de sus derechos ciudadanos, y consecuentemente la plena y legal actividad de los partidos políticos, asociaciones, sindicatos, etc., tendientes a la normalización institucional de la República. Como consecuencia lógica, el país vive un clima de euforia al recuperar dichas libertades y se suceden reuniones, mitines, manifestaciones y todo tipo de actos que materializan un estado al cual se dio en llamar "Primavera Democrática".
Regresan líderes políticos y gremiales exiliados, se reorganizan los cuadros dirigenciales de los partidos políticos, apuntando todo ello a la consecución pacífica de las metas que el Ejército -vía Presidente de la República- habían expresado en el manifiesto del Gral. Pampliega.
Al margen de los desbordes -hasta lógicos- que se producen, no iba alterando sustancialmente el camino y las metas trazadas; sin embargo llega un momento que por presión ciudadana ansiosa de materializar lo logrado, se decide la conformación de un co-gobierno civil y militar, con "barniz democrático", en los que participan únicamente la ANR (Asociación Nacional Republicana), y el Partido Revolucionario Febrerista y dos militares.
Este aparente estado de equilibrio institucional, sufre de significativos y permanentes entredichos en el área ejecutiva del gobierno, asomando como una constante la decisión -solapada al principio- de la ANR, de volver a asumir el protagonismo, luego de 40 años de llanura, y en esa dirección encaminan sus actos y medidas llevando a la crisis ese momentáneo estado de vigencia democrática.
A medida que finalizaba el año 1946, ya se mostraba claramente el programado contubernio de Morínigo y el Partido Colorado de copar todos los espacios de poder.
Rápido se evidenciaron serias dificultades en el funcionamiento del nuevo gabinete, como consecuencia de la política electoralista que predominaba en la conducción de los dos partidos y la lucha por ocupar el mayor número de Ministerios. En consecuencia el 10 de enero de 1947, el Partido Febrerista se retiró de la coalición.
Se producen ante estas circunstancias, tibias reacciones de los Comandos de las Grandes Unidades, que determinan que el presidente Morínigo convoque a una reunión en Mburuvicha Roga, so pretexto de festejar su cumpleaños, a dichos Jefes, como también a los Directores de los Servicios de Intendencia y Sanidad de las FF.AA. Fue la famosa reunión del 11 de enero. La invitación ocultaba la verdadera intención de la convocatoria, pues no le convenía a sus intereses y los de los colorados informar anticipadamente del tema que sería tratado. Asistieron los siguientes jefes: Grales. de Div. Vicente Machuca y Francisco Andino; Grales. de Brig. Amancio Pampliega, José Atilio Migone, Manuel Contreras y Manuel Rodríguez; Cneles. Juan Ibarrola, Julio R. Cartes y Emilio Díaz de Vivar; Ttes. Cneles. Alfredo Stroessner y Enrique Giménez, y Cap. de Navío Sindulfo Gill.
Se comunica a los asistentes la situación derivada del retiro del Partido Febrerista del Gobierno de coalición, lo que obligaba a adoptar en consenso una de las alternativas: a) Continuar gobernando sólo con el Partido Colorado; b) Eliminar al Partido Colorado de la función de Gobierno, y conforme al compromiso asumido con anterioridad (si se producía el abandono de uno de los partidos políticos de la coalición), de formar un Gobierno totalmente militar para el cumplimiento de las metas y responsabilidades asumidas ante el país por las FFAA. de la Nación.
Puestas en votación ambas posibilidades de viva voz, la segunda ponencia encuentra la casi unánime aceptación (incluyendo a Stroessner), pues sólo votaron en contra el Tte. Cnel. Enrique Giménez y el Cnel. Díaz de Vivar.
Todos conformes con la decisión adoptada, se termina la reunión con el compromiso de Morínigo de hacer efectiva la decisión adoptada el día lunes 13 de enero de 1947 (dos días después pues era sábado). En ese lapso entre ambas fechas, el domingo 12, con acuerdo entre el presidente Morínigo y referentes principales del Partido Colorado, deciden dar el golpe al día siguiente con el apresamiento de todos aquellos que votaron por la institucionalidad y el retorno nuevamente a un Gobierno militar de transición.
Efectivamente, el lunes 13 de enero se producen los apresamientos con listado ya elaborado, se nombra como Jefe de Plaza al Cnel. Carlos Montanaro (colorado), y con la total adhesión y apoyo del Tte. Cnel. Enrique Giménez, Comdte. de la la. División de Caballería de Campo Grande, se hace efectiva la traición. Así se cumple el golpe del 13 de enero, fecha en que se concreta la injerencia partidaria del coloradismo en los asuntos castrenses, creando la crisis detonante del 7/8 de marzo de 1947.
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24 DE JULIO DE 1946.
Constitución del nuevo Gabinete de Coalición,
integrado por representantes del Partido Colorado,
de la Concentración Revolucionaria Febrerista
y de las Fuerzas Armadas, en la siguiente forma:
Relac. Exteriores: Dr. Miguel Ángel Soler (Febrerista)
Hacienda: Don Natalicio González (Colorado)
Educación: Don Guillermo Enciso Velloso (Colorado)
Obras Públicas: Don Federico Chaves (Colorado)
Salud Pública: Dr. José Soljancic (Febrerista)
Ganadería e Industria y Comercio: Dr. Arnaldo Valdovinos (Febrerista)
Defensa Nacional: Gral. Amancio Pampliega
Interior y Justicia: Gral, Juan Rovira Intendente
Municipal: Dr. Mario Mallorquín (Colorado)

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Todos estos hechos debidamente documentados y profusamente informados, serían de mi conocimiento a mi regreso de Bolivia; la lectura de ellos hizo que inmediata mente pudiera evaluar lo difícil de la situación y el ambiente enrarecido en el que debía iniciar mi vida castrense, ya como oficial del Ejército paraguayo.
Dentro de ese período, considero el año de 1946 el más pródigo en acontecimientos muy directamente ligados a los antecedentes cercanos al 8 de marzo del 47, en el que se incluye lo acontecido el 9 de junio en la Primera División de la Caballería, y que comienza a ser el "fósforo" que se arrima a la mecha, que sin duda ya estaba fabricada.
De los varios textos e informes recabados y de conversaciones que sobre el tema realicé, considero que los libros del Tte. Cnel. de E.M. S.R. don Alfredo Galeano, "Recuerdos y reflexiones de un soldado" y el Capitán Caballería Federico Figueredo "Adiós a mi carrera", a todas luces son los que mejor relatan lo que iba sucediendo ese año, por sus privilegiadas ubicaciones dentro de los mandos de la Caballería.
Volveré a usar el libro del Cnel. Alfredo Galeano, en lo referido a la constitución del gobierno provisional de la Revolución, la conformación de los mandos y otros esclarece dores datos que desde su ubicación de Jefe de Estado Mayor de la Revolución y de los apuntes, evidentemente realizados por su personalidad ordenada y profesional, darán el panorama más claro y preciso de esos detalles.
Hoy ya fallecido, quiero significar lo mucho que me sirvieron en los últimos años de su vida, las conversaciones que sobre el tema Revolución mantuvimos y el placer que tuve de leerlo en el libro, que resultó altamente esclarecedor por haber sido escrito por un privilegiado ocupante de uno de los cargos más importantes y trascendentes dentro de la estructura, tanto antes como durante y después de la Revolución, el de Jefe de Estado Mayor del Ejército Revolucionario de Concepción.
Reinsertado ya en la vida cotidiana, en el mes de octubre de 1946, asumo la primera obligación que me imponía el hecho de estar regresando de una misión de estudios en el extranjero, y por tal motivo, en compañía de mis camaradas -ya oficiales con el diploma del Ejército boliviano con fecha posdatada 19/12/46, que correspondería a la remesa de ese año-, nos presentamos al Jefe de Estado Mayor de las FF.AA., quien luego de recibirnos en una breve audiencia en la que se brindó un somero detalle de nuestra gestión, dispuso nuestra comparecencia al Segundo Departamento -de Personal-, donde se oficializó nuestro reintegro a las FFAA. nacionales.
Igualmente recibimos la orden de presentarnos al director de la Escuela Militar, entonces el Cnel. Chávez del Valle, quien nos recibe y determina por la vía correspondiente nuestra afectación al Cuerpo de Cadetes, pero ya con el grado de subteniente, y cada uno en el arma que le correspondía. El coronel Chávez del Valle, distinguido militar excombatiente de la guerra del Chaco, condecorado por su brillante actuación, y que a más de ese atributo exhibía los de una acrisolada honestidad y capacidad profesional, que lo hacían un jefe apreciado y respetado dentro del estamento castrense, había sucedido al general Andrés Aguilera en la dirección de la Escuela Militar.
Coincidentemente estaba finalizando el año lectivo de la Escuela Militar y se hacían los preparativos para el reglamentario TERRENO de fin de año, que es el evento en el que se ponen en práctica, mediante maniobras, las enseñanzas recibidas durante el año y que de su resultado dependen, especialmente para los cadetes del último curso, las notas finales en el área de Instrucción Militar, que promediadas con las de las asignaturas civiles (equiparadas a las del Bachillerato Humanístico) determinan el promedio de cada cadete, y la antigüedad que como oficial le correspondería dentro de esa remesa.
Participamos con entusiasmo y alborozo, estábamos nuevamente con nuestros camaradas en los preparativos, y nos aprestamos a acompañar a la Escuela Militar en una marcha de Infantería con destino a Itacurubí de la Cordillera.
El desplazamiento se desarrolló dentro de los parámetros establecidos, con los tiempos por etapas programados y las instrucciones que como complemento brindaban los oficiales de planta a cada una de sus unidades. La primera etapa terminó en Caacupé, donde se establecieron los vivacs y se tuvo un reparador descanso (no se debe olvidar que cada cadete era portador del equipo reglamentario de campaña, que en su totalidad con el fusil incluido rondará los 30 Kg. de peso, que con el correr de los kilómetros, las ampollas, se hace bastante cansador, pero nadie hace tan siquiera mención de ello, factor importante en la calificación de ESPIRITU MILITAR).
Al día siguiente, con las primeras luces del alba, luego de un suculento cocido con leche y la apreciada galleta cuartel como desayuno, se levantó el campamento y se dispuso una marcha a ritmo forzado y con un solo descanso inter-medio hasta la ciudad de Itacurubí, cometido que se cumplió con normalidad, arribando a dicho pueblo en horas de la tarde.
Estando acampados en la ciudad, en el predio de la Escuela Nacional de dicha comunidad, se produjo un hecho que vendría a poner al descubierto una situación que sería ya una constante en nuestra breve vida castrense.
Como inicio de un plan preestablecido por el Gobierno del Gral. Morínigo, y ya en connivencia con el Partido Colorado, procedió a la movida solapada de jefes de las FF.AA., y de marcado sentimiento y conocimiento institucionalista, pues, reemplazando a los jefes de la línea institucional por otros no sólo adictos al Gobierno sino que también presentaran en su currículum una marcada y manifiesta raigambre colorada, empezaba la partidización de las FF.AA.
Como corolario de esta situación, el Director de la Escuela Militar, coronel Francisco Chávez del Valle, quien encabezaba las maniobras mencionadas y por consiguiente radicado en Itacurubí, recibió una orden del Comando en Jefe de presentarse a dicha superioridad en el más breve tiempo posible, y por la misma se le ordenó transferir el cargo al coronel Carlos Montanaro, a la sazón Jefe de Estudios de la Escuela Militar.
Entendiendo la oficialidad joven que esta disposición marcaba un claro y arbitrario manejo interesado en la conformación de nuevos mandos partidarios del presidente Gral. Morínigo y su camarilla, deciden en mayoría realizar en horas de la noche de ese día una reunión para evaluar lo delicado de la situación y las implicancias que de ella devendrían, se convocó a todos aquellos que de una u otra forma se habían manifestado a favor de la institucionalidad castrense, dejando de lado a muy pocos que no compartían estos sentimientos.
La reunión se llevó a cabo a las 22 horas aproximadamente, con la mayor discreción posible, y en la misma se evaluaron los acontecimientos que comenzaban a desarrollarse y que a las claras indicaban que no se trataba de un hecho aislado sino que respondía a metas claras y precisas que se habían fijado de parte del Gral. Morínigo.
La sucesión de hechos posteriores, el 13 de enero con sus secuelas de desplazamiento de otros jefes de grandes unidades, no harían más que confirmar nuestras acertadas presunciones.
Se debatió en esa reunión la conveniencia o no, ante la consumación de un hecho arbitrario, de adoptar una posición firme oponiéndonos al siguiente día, a la asunción del coronel Montanaro, y solicitar el retorno del coronel Chávez del Valle al mando que por derecho le correspondía. Luego de un prolongado debate, en el que se evaluaron los pro y los contra que esa actitud podría producir y las consecuencias que de ello sobrevendrían, a pesar de casi un consenso afirmativo, el oficial de mayor jerarquía que participaba en la reunión y que la dirigía, en una exposición serena y clara, destaca la nobleza de los sentimientos en apoyo del coronel Chávez del Valle y la justicia de nuestra petición, pero recalca también muy significativamente, que sería una acción que si bien conllevaba un hondo sentimiento de respeto a la institucionalidad, paralelamente con nuestra acción estaríamos rompiendo esa misma premisa de respeto, a la vez que involucraríamos a una institución educativa en un acto de rebeldía y consecuente con la posibilidad de un enfrentamiento armado con camaradas militares que pudieran aceptar, por mezquinos intereses, esa conducta artera y dañina del Gobierno de turno.
Ante este planteamiento y la racionalidad del mismo, fue descartada la exigencia que en principio se había acordado, hecho que si bien tuvo su lado negativo en el desarrollo de acciones posteriores, dejó sentado y marcado un compás de espera, antes que comprometer al Cuerpo de Cadetes, que se cubriera de gloria en la contienda chaqueña, dejando así la imagen prístina disciplinada y respetuosa de una institución muy cara al respeto de la ciudadanía civil y al cariño de los que de ella egresaron a través de los largos años de vida ejemplar dentro de las Fuerzas Armadas.
En conocimiento de lo que sucedía, la Artillería (Paraguarí) conformó una pequeña delegación de oficiales comandada por el Tte. Mario Galeano, que asistió a las deliberaciones de Itacurubí, llevando el apoyo de la unidad para lo que resolviera, todo realizado dentro del mayor "top secret", demostrando el alto grado de identificación con la institucionalidad.
Qué diferente actitud adoptaría unos meses después el coronel Montanaro, cuando sacó a los cadetes de la Escuela Militar y los empeñó en una acción armada en contra de la Policía, qué diferentes sentimientos e intereses se comprueban a la luz de estos acontecimientos tan dispares.
De aquel acto referido precedentemente (el relevo del coronel Chávez del Valle), se irán sucediendo hechos y situaciones que enfrentarían a dos posiciones diametralmente opuestas en el seno de las FFAA., por un lado los de clara e inquebrantable fe y conducta institucionalista, y la otra movida por bastardo interés de mando hegemónico, y que la convertirían en una guardia pretoriana del mandamás de turno y que habrían de determinar el enfrentamiento armado de marzo del 47, y lamentablemente y en definitiva, la posterior instalación de un Ejército sectario y partidista, que tanto daño y dolor causó a nuestro pueblo y que aún sigue siendo motivo de zozobra e intranquilidad ciudadana.
Se produjo en Itacurubí nuestro primer contacto con la realidad ya insoslayable de malestar y los negros nubarrones, que por ambición de poder y otras prebendas iniciaba el Gobierno bajo la conducción ladina del general Higinio Morínigo, el principal y tal vez único responsable militar del inicio de una era de negación de la institucionalidad del país, y que comenzó a envilecer la dignidad de los jefes y oficiales de las FF.AA., y por permeabilidad a todos los componentes de ella, que acompañaron posteriormente a la instalación de una dictadura que en ese entonces comenzaba a gestarse, y que tuvo, con el ascenso al poder del Gral. Stroessner, su más larga y nefasta continuidad, basada en un principio de trilogía -gobierno, partido político y FFAA.-, que con persecuciones, destierros y muerte minó las bases mismas de la sociedad paraguaya.
Volviendo al desarrollo de las maniobras de Itacurubí, las diversas etapas de antemano programadas para cada arma o especialidad se fueron cumpliendo sin inconvenientes, hasta llegar finalmente como cierre a la maniobra de clausura que realizaba el Cuerpo de Cadetes en pleno. Esta "finalísima" contaba con la presencia de las más altas autoridades castrenses nacionales, agregados militares extranjeros, jefes y componentes de las misiones de Brasil y Argentina, que entonces estaban acreditadas en el país como asesores militares, la primera en la rama del Ejército y la segunda en la de la Marina.
Estos ejercicios de combate se realizaron con proyectiles reales de las armas de infantería, fusiles, ametralladoras, morteros y de artillería, con el fin de medir el grado de precisión en los disparos, la coordinación de ellos y adaptar al combatiente al desplazamiento en las progresiones de la Infantería en un "simulacro" muy cercano a una eventual realidad de combate.
Un hecho anecdótico: como el escenario elegido para la maniobra abarcaba variados tipos de terreno, se escalonaron las unidades de acuerdo a su función específica, sobre la ruta que une esta localidad con los pueblos de Santa Elena-Mbocayaty.
ler. escalón combatiente, la Infantería.
2do. escalón de apoyo, unidades de Morteros.
3er. escalón de apoyo, la Artillería.
El terreno a partir de los escalones de apoyo -(Artillería y Morteros) ubicados en la ribera anterior y posterior del río Yhaguy- va en ascenso, llegando a una distancia de 500 metros a su mayor elevación, a la que sigue una contra pendiente en bajada, tal vez de igual dimensión, y luego una breve planicie a cuyo fondo se encuentra una zona boscosa. Esa zona era la de "posibles enemigos" y sobre la cual la artillería y los morteros debían ablandar las defensas y bajo ese fuego debía darse luego la marcha de aproximación y posterior asalto de la infantería, para lo cual ya debían cesar los tiros de apoyo. Todo listo para el ejercicio, se ubican las autoridades asistentes en el punto de mayor elevación, para apreciar el desarrollo de la maniobra y calificar los aciertos y desaciertos.
A la orden de inicio, por los teléfonos de campaña de esa época, abrió fuego la batería de artillería, cuyos disparos por elevación debían sobrepasar a las piezas de morteros, posición en la que yo me encontraba, hacerlo sobre el puesto de observación de los "calificadores", e impactar a 1.000 metros en la supuesta línea enemiga. Pero entre el estruendo de disparos de las piezas de artillería, imprevistamente escuchamos un ruido diferente y raro del proyectil, que a baja altura pasaba sobre nuestras cabezas y fue a hacer impacto en la pendiente de enfrente, donde rebotó y pasó casi tocando las cabezas de los observadores. Como es lógico, más de uno hizo un "ágil cuerpo a tierra". La maniobra siguió y finalizó dentro de las expectativas creadas. Nunca supe cómo influyó en las calificaciones del Cmdte. de la Batería de Artillería, Tte. César Spezzini, oficial de planta de la Escuela Militar.
Con el correr de los años, ya en la vida civil, nos encontramos con Spezzini integrando el M.I.M. (Movimiento Institucionalista Militar), pero recientemente, en un almuerzo de fin de año, desgranando temas del pasado, rememoró dicho caso, y escuchando cuanto yo relataba junto a otros componentes de la "rueda", intervino para recordarme su participación en dicho suceso y explicar cómo había sucedido.
Los tiros de artillería y morteros se efectúan utilizando métodos de jalonamiento, mediciones y otras medidas conexas, pues el blanco queda oculto por el terreno, a uno de "los pieceros", al observar con los elementos adecuados para determinar la elevación y la distancia y consecuentemente la trayectoria del proyectil, se le había escapado en la observación que una pequeña rama colgaba de un árbol, delante de la pieza de artillería, en la trayectoria del proyectil. Al producirse el disparo, la rama modifica no sólo su trayectoria, sino el eje sobre el cual gira, hecho que originó un bamboleo en su desplazamiento produciendo un sonido, que podríamos comparar al de un avión a chorro semiaveriado, en vez del sonido normal, hecho que generó la situación precedentemente descrita.
Volviendo al eje central de nuestra historia, digamos que en el lapso comprendido entre la Primavera Democrática a mediados del año 1946 y los hechos que aquí se relatan, se fueron sucediendo situaciones que de alguna manera enturbiaron el panorama político, derivado ello en el incumplimiento, por parte de Morínigo, de los compromisos contraídos con la ciudadanía y para los cuales los jefes institucionalistas habían empeñado su palabra. Se hacía evidente que el cogobierno -ANR y Partido Febrerista- se estaba desintegrando y que el Partido Colorado, que había accedido a él después de muchísimos años en la "llanura política", no desaprovecharía esta ocasión para con los tejes y manejes propios de los políticos, encaminar su esfuerzo de convertirse en gobierno definitivamente con la complacencia y ayuda del dictador en ciernes, el presidente Gral. Morínigo.
Esta evidente línea de conducta, trazada por la autoridad partidaria de la ANR, plantaba un jalón más en su maniobra de copamiento de, no sólo los cargos civiles dentro del Gobierno, sino la introducción en los mandos superiores de las FF.AA., a jefes leales a ellos y de connotada raigambre colorada.
Este acto, sin mucha trascendencia aparente, se verá más adelante, eran los prolegómenos de un enfrentamiento solapado entre los jefes, Montanaro y Stroessner, que terminaría cuando el primero de los nombrados fue desplazado de los mandos de las FF.AA. y premiado con un "exilio dorado", siendo nombrado embajador en la República de Venezuela, cargo que desempeñó durante largos años y del que una vez alejado por reemplazo, le obligó a desvincularse de la esfera gobernante dejando de tener protagonismo.
Un amigo, el Dr. Oscar Banks, radicado durante muchos años en Venezuela, compartiendo una amistad y vida social con el referido Cnel. Montanaro, me relató muchos años después, que, según versión del referido militar, la enemistad y el enfrentamiento con Stroessner se produjo como consecuencia del incumplimiento de lo pactado con el nombrado precedentemente, quien le había prometido que de acceder al poder y ser nombrado presidente, en un período posterior le cedería el cargo, o sea habría una alternancia en el poder.
La historia es clara en demostrar que subido al podio de los "vencedores", si así puede llamarse al hecho de usurpar el poder, nadie quiere bajarse, y esa premisa se cumplió y largamente, para desgracia de 35 años en la vida de la Nación.
Terminadas las maniobras, sin otro hecho que destacar, regresamos a Asunción, a la sede de la Escuela Militar, y se clausura el año lectivo. Nuestra remesa recibió el nombre de Cnel. Eugenio Alejandrino Garay, héroe de la guerra del Chaco y ejecutor de la toma de Yrendagué, batalla que cambió el curso de la historia chaqueña y marcó el comienzo de la debacle boliviana.
Felices de convertirnos en jóvenes oficiales del Ejército paraguayo, pero intuyendo que nos veríamos en la disyuntiva de optar por la institucionalidad o la partidización colorada de las FFAA.
Optamos por la primera y enfrentamos la lucha, convencidos de la dignidad y justicia de nuestra postura, lo que puso punto final a nuestro breve paso por las tan queridas y hasta entonces respetadas FFAA.
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Fuente: EL ESTALLIDO DE UN IDEAL. CONCEPCIÓN - REVOLUCIÓN DEL 7/8 DE MARZO DE 1947 por SUB.TTE.INF. MIGUEL GONZÁLEZ VIERCI, REGIMIENTO DE INF.I “2 DE MAYO” NARRACIÓN AUTOBIOGRÁFICA. Arandurã Editorial, Asunción-Paraguay, mayo 2008 (2ª edición)(1ª Edición, febrero 2007).
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